El aviso por la frecuencia policía no podía ser más alarmante
–atención a todas las unidades, ciudadanos reportan a peligroso sujeto
armado que se pasea por las calles de la ciudad a bordo de un vehículo
negro polarizado, procedan con extrema precaución-.
De inmediato, el comandante Zebra se puso en alerta y en menos de que
lo que se extorsiona a un borrachín, salió disparado con su unidad y
sus muchachos con rumbo al populoso mercado 28 donde había sido
ubicado inicialmente el sospechoso.
Métele pata -fustigó a su chofer escolta- no sea que la competencia
se esté metiendo en nuestros negocios y después tengamos que regresar
al crucero a levantar beodos, y estoy hasta la máuser de ganar
miserias, lo nuestro ya son las grandes ligas.
En el camino recordó que sus últimos 15 años en la corporación de los
cuicos habían sido el viajar en la batea de la camioneta, pasando
lluvias, fríos y sol, mucho sol que en Cancún se multiplicaba y
convertía en horno la ropa blindada, la cual a fuerza tenía que
comprar so pena de ser arrestado o incluso, ser "invitado"
amablemente a dejar por no disciplinarse ante el alto mando.
Su clave real era "Cebra" pero gracias a los múltiples contactos y a
que tuvo suerte de atender un llamado y fue generoso con un noctambulo
de la Yaxchilán perdonándole la llevada a la barandilla policiaca, fue
reclutado por los Zorros, la nueva organización del crimen que
atendía la plaza, desde entonces, las grandes ligas eran lo suyo.
De ahí la preocupación de que alguien más intentara controlar la zona
que afanosamente controlaba y que le dejaba buenos dividendos, ningún
delincuente mas podía entrar a la zona sin su permiso y sin pagar su
respectiva cuota.
Dando tumbos por la céntrica zona de Cancún y volándose los semáforos
rojos (como siempre), el controvertido Zebra y sus muchachos se
alistaron paras buscar todo aquel vehiculo que lers pareciera
sospechoso.
Primero, detuvieron a un asustado chamaco que con su novia paseaba
metiéndole mano y luego de haberse salido de la escuela, tras su
respectiva mochada de un cuico de la batea, (era de los poquiteros y
le pidió cien pesotes), lo dejaron ir recomendándoles que "agasajaran"
en otra parte ya que de lo contrario lo llevarían al fresco bote y a
ella se la pasarían primero por las armas.
Siguiendo con el rastreo del intruso se percataron que un sedan
sospechoso, con un sujeto a bordo con lentes oscuros y facha de matón
se paseaba husmeando, luego de marcarle el alto y reconocerlo, las
excusas no se hicieron esperar.
Perdón mi jefecito pero es que con es nave no lo reconocí- claro que
no lo identificaba porque era un auto robado en otra ciudad, sin
embargo quien lo manejaba era uno de sus jefes "Zorros" que de
incognito supervisaba el trabajo del Zebra y que al comprobar la
eficiencia de su subalterno se marchó satisfecho por tenerlo en su
nómina-.
Habían transcurrido dos horas desde que se dio la alarma en el Centro
de Control de Cuotas de Corrupción (C4) y no solo el Zebra y su tropa
estaban angustiados, si no otros cuicos que si cumplían con su deber
ya que por las últimas ejecuciones en este destino turístico temían
que se fuera a dar un levantamiento más.
Ya eran cuatro unidades de uniformados en la zona cuando de repente
notaron una poderosa Hummer que se paseaba por el área, las
características generales coincidían con las reportadas por el C4,
vehículo de lujo, color "oscuro" y cristales opacos.
Formados en clásica posición "Diamante", los azules presumieron su
fuerte armamento a los transeúntes, cerraron la calle y cual película
gringa, solicitaron mas refuerzos y se parapetaron tras sus unidades
para repelir la posible agresión a balas o bazucasos , no sabían
cuantos enemigos podrían surgir del vehiculo tipo militar de lujo.
Con el altavoz pidieron a los ocupantes que bajaran y de inmediato la
puerta del conductor se abrió, mostrando sus dos poderosas armas, las
que habían conquistado la plaza de Cancún y con las cuales pretendía
viajar al medio oriente a demostrar que podía enfrentarse a un
batallón completo de once uniformados al mismo tiempo y derrotarlos
tan solo en 90 minutos.
Con cara de desgano y medio divertido por la situación puso su
peligroso armamento en el suelo, sus dos piernas, era el temible
goleador de "los Potros de Hierro" quien dándose baños de pueblo,
había decidido acudir al mercado 28 para comprar algunos recuerdos de
artesanías y llevarlos a sus amigos en su viaje próximo antes de
partir a Dubai.
Zebra quedó boquiabierto y con su cara de vergüenza solo atinó a pedir
disculpas nuevamente y aprovechando el momento, pidió un autógrafo
para su pequeñín, un potrillo aficionado que no faltaba jamás al
establo donde los cuacos de acero se debatían en mortal duelo contra
fieras ( pumas, tigres o águilas).
El ejemplar comandante respiro tranquilo y ordenó a todos una penosa
retirada, la plaza seguía siendo suya y de los Zorros, al menos por el
momento
viernes, 29 de mayo de 2009
ARMA MORTAL
Arma Mortal
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