Más vale tarde que nunca y ante un pequeño receso involuntario, aquí
está la crónica del nombramiento de Paulina Rubio como nueva
embajadora de turismo
Son las once horas y el lobby del hotel Le Blanc luce a reventar,
fotógrafos, periodistas camarógrafos, seudoperiodistas ambientalistas
y muchos desocupados deambulan por los pasillos en espera de la
ansiada acreditación.
"Si todos fuera huéspedes estaría llenísimo el hotel y tendríamos
muchas propinas", susurra a su compañero un botones del centro de
hospedaje.
Y es que la realidad es dura, en las albercas del lujoso y súper
privado hotel son muy pocos los huéspedes tumbados al sol, las aguas
están tan tranquilas y desiertas que uno se cree realmente que vale la
pena pagar miles de dólares para tener un hotel entero a tu
disposición.
Los minutos pasan y de repente, el encargado de las acreditaciones
comienza a sacar un racimo de estas, el casi centenar de personas de
prensa se apiraña primero, luego se forman para recibir la mica,
coincidentemente, junto a los elevadores se forma una cadena de
"seguridad" con empleados del Le Blanc, así como en otro pasillo
cercano.
El motivo, estaba llegando en esos momentos la cantante que venía
desde Miami a donde había acudido a una cena de caridad pero de gala.
Al acabarse los gafetes de prensa, todos comienzan a subir a la
terraza donde se realizara el evento más tarde.
Los más desesperados son los fotógrafos y camarógrafos que notan con
angustia que hay una pequeña plataforma de solo un metro y medio por
dos de ancho para que se coloquen frente al presídium, por lo que
presurosos corren a ganar lugar para tener la mejor vista.
Los minutos pasan y a un costado, los más tímidos se acercan a las
mesitas donde hay un sinfín de bocadillos y al notar que no son
regañados por meseros o por alguno que otro empleado del hotel que ahí
deambulan, comienzan a ingerir las pequeñas delicias.
Ha pasado media hora y los mas abusados se percatan de una fuente con
camarones y mariscos por lo que empiezan a degustarlos, es la hora de
desayunar para muchos y no desaprovechan una comida gratis.
Como lo siento que no estés aquí, conmigo en Cancún, se oye por
enésima ocasión en las bocinas puestas en el evento, la letra es tan
intrascendente pero se repite a cada instante, alguien aclara que esa
canción la canta la mismísima Paulina Rubio y que la grabó cuando
comenzó su carrera de solista.
Se oye tan sosa que de inmediato se nota el motivo por el cual no tuvo
éxito en su tiempo.
Por fin aparece, la oxigenada cantante, con un vestido tan pero tan
simple que no existe explicación del porque tanta humildad, lo que
más llama la atención son sus lentes, parecen salidos de una caja de
cereal, son de plástico y con el armazón en amarillos fosforescente,
seguro los compro en los artículos de tres pesos, comentan algunos
reporteros, que recuerdan las tiendas especializadas en bisutería
donde todo cuesta esa cantidad.
Hablan las autoridades, todos elogian la cooperación de la cantante y
luego le dan la palabra, - tenia preparado un papelito, pero no lo
encuentro, creo que soy mejor para improvisar- señala con voz
temblorosa la homenajeada.
De inmediato señala que le da las gracias a su parentela, encabezada
por Enrique Rubio, por acompañarla a este centro vacacional, mas
adelante dice que quisiera ya no irse de Cancún (si me pagaran como a
ella el hotel y la alimentación yo tampoco me iría), y así transcurre
una sosa conferencia de prensa.
Luego el momento solemne, la entrega de la placa que la nombra como
embajadora de turismo de Quintana Roo, vienen las fotos de los
políticos, todos quieren tener un recuerdo con ella y la saludan hasta
de beso.
Atrás quedo la ofensa que alguna vez en España, la "chica dorada"
realizó a nuestros símbolos patrios al posar cubierta con nuestra
bandera nacional para una sesión de fotos artísticas, de eso, nadie
quiso acordarse, ni políticos ni reporteros, no sea que se vaya a
ofender la cantante y nos fuera a echar encima la placa que le
acababan de dar, la cual seguramente a partir de ayer luce como parte
de su vestuario y a donde quiera que vaya será lo primero que muestre.
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